¿Qué aprendieron los Marines en Guadalcanal?

Marines descansan en una operación en Guadalcanal
Por Esaú Rodríguez

Si alguno está leyendo este artículo es que conoce sobradamente el magnífico podcast dirigido por Dani CarAn y en cuyo blog está alojado.  Y si hablo de Dani, no es por halagarle, sino porque parte de este documento debe acompañarse con la recomendable audición de los podcasts que sobre la batalla de Guadalcanal hizo en su día él con su amigo y compañero Antonio Gómez, y que podéis oír aquí, aquí y aquí.

Y realizados los cumplidos de rigor, comencemos.

El 15 de noviembre de 1943, publicaba el “Cuartel General de Operaciones Combinadas” (COHQ por sus siglas en inglés) su boletín número Y13. Si no conoces este departamento, no te asustes, su trabajo era bastante secreto, y rara vez se les cita en las películas, aunque algo más en los libros. Dicho organismo era conocido por sus acciones y estudios, ya que se dedicaba a realizar proyectos de Operaciones Combinadas y estudios de desembarco, (como las exitosas Sicilia o Normandía), así como al desarrollo de nuevas armas y vehículos para los desembarcos y todo aquello que sirviese para hacer la guerra a los alemanes, siendo uno de sus directores más famosos Lord Louis Mountbatten. Una de sus unidades adscritas y que realizó grandes acciones fueron los comandos británicos. 
Insignia del COHQ, águila sobre una ametralladora y ancla. 



Bueno, si bien parece que vamos a hablar de estos hombres, no es el caso, sino de otra de las unidades icónicas de esta guerra y que lucharon en otro campo de batalla. Nos referimos a los Marines norteamericanos.

Como digo, en dicho boletín se recogía aquella información que se considerase interesante para sus miembros y para el trabajo que desarrollaban, y en este caso, se traía un “Extracto del informe final de los comandantes de la 1ª División de Marines de los Estados Unidos sobre las operaciones en Guadalcanal”. Está claro que los Marines aprendieron mucho sobre su paso en Guadalcanal, y que nada fue igual tras ella, ni para los norteamericanos, ni para los japoneses, por lo que veamos qué aprendieron los marines que les resultara interesante a los miembros del COHQ (no todo, porque los mosquitos con paludismo no es algo que preocupase en el norte de Europa)

 
Insignia del 1º de Marines
En general, cuando se deba realizar una operación de desembarco importante (una de las especialidades del COHQ), el ataque inicial deberá ser seguido por un período de tiempo en que se llevarán a cabo operaciones menores con fines de preparar la defensa, limpieza del terreno y toma de pequeñas bases periféricas. Para llevar a cabo estas tareas con éxito, los marines explicaban que era interesante que “el equipo de desembarco permaneciese a disposición de la fuerza de desembarco con fines tácticos”. Evidentemente debemos ver aquí una crítica directa a la retirada que hizo la Marina de los EE.UU. de las Islas Salomón a los dos días de iniciarse el desembarco y tras la derrota de sus fuerzas ante la Marina japonesa, en la batalla de Savo. Los 11000 marines desembarcados en Guadalcanal se encontraron solos en cuanto a apoyo directo de los cañones de los buques.
 
Los destructores Blue y Patterson evacuan a la tripulación del Canberra. 
Informaban los oficiales que, en repetidas ocasiones, fue necesario cancelar las operaciones previstas debido a la “no llegada de los buques de suministro previstos o a la falta de disponibilidad de destructores de transporte auxiliar”. En este caso, los mandos norteamericanos se refieren a una serie de destructores de la Gran Guerra (clases Caldwell, Wickes y Clemson) que carecían de castillo de proa elevado y su cubierta era corrida. En la Segunda Guerra Mundial fueron reconvertidos en “High-speed transports” o “transportes de gran velocidad” (APDs) que contaban con 4 embarcaciones de desembarco y alojamiento para hasta 120 marines (también se les denominaba Dragones Verdes)  

El USS Manley antes y después de su conversión.



Así pues, los mandos de los marines recomendaban que si era posible en futuras operaciones se debía prever que la fuerza de desembarco y los destructores de transportes auxiliares permanezcan con la fuerza de desembarco en todo momento para adoptar medidas de tipo táctico.

En cuanto a cuestiones más de campo, los comandantes de los marines consideran que el cañón de 105 mm (obús M101) tiene un lugar privilegiado en futuras operaciones (en aquel momento) que hubiese en el Pacífico. Hemos de ver que muchos de los ataques nipones contra posiciones estadounidenses fueron detenidos por el apoyo de la artillería (como por ejemplo la lucha en la cresta de la Colina 123 en la noche del 13 de septiembre) Dado que las operaciones a gran escala en el Pacífico se centrarían casi invariablemente en la ocupación o defensa de instalaciones en el mar o cerca de él, se recomendaba por parte de estos mandos que se pudiesen emplear lanchas de desembarco y vehículos de asalto anfibios (LVT) para mover la artillería. A este mismo respecto, señalaban que el terreno costero de las islas del Pacífico incluía a menudo zonas llanas que permitirían la libre circulación de cañones (creándose zonas de apoyo en la costa para acciones del interior).

Marines bajan de los LVT el 7 de agosto en las playas de Guadalcanal.

Los tanques utilizados en Guadalcanal (Stuart M3, el carro de combate ligero norteamericano) si bien fueron pocos, se emplearon con cierto éxito en dos ocasiones (el 21 de agosto cinco M3 barrieron a los supervivientes del destacamento Ichiki que había atacado al 1º Regimiento; la segunda vez los carros apoyaron el cerco que terminó de decidir la Batalla de Gifu) y se han llegado a las siguientes conclusiones generales:

- Que los tanques, en pequeñas cantidades, pueden operar efectivamente en áreas ocupadas por plantaciones de coco. Esto es verdad por sus reducidas dimensiones (2,5 metros de ancho) aunque los vehículos posteriores serían más anchos debido a su mayor peso y blindaje.

- Pero el Stuart no era el carro en que pensaban los mandos, ya que recomendaban que, en la medida de lo posible, se utilizasen en adelante tanques medianos, debido a la extrema vulnerabilidad de los modelos ligeros. La actuación de los M3 en Guadalcanal no fue tan brillante como podamos pensar, solo que el enemigo no disponía de armas con qué enfrentársele. En una ocasión los Stuart fueron presa fácil para las armas de 37 mm niponas que destruyeron a cuatro de seis que se lanzaron el 13 de septiembre contra el Batallón “Kuma”, cuyas tripulaciones fueron ejecutadas posteriormente por los japoneses.

Stuart desplegado en Guadalcanal. Un miembro de la tripulación va armado con el subfusil Thompson con tambor. 
- Que los tanques debían funcionar a baja velocidad y con apoyo aéreo extremadamente cercano. Aquí deberíamos hablar del apoyo aéreo cercano (CAS en sus siglas en inglés) que en la guerra en el Pacífico fue mucho más allá de lo que estaban acostumbrados los mandos en el frente occidental. La falta de suficiente artillería hizo que los Marines desarrollaran una doctrina que al finalizar el conflicto les permitía a los aviones de apoyo soltar sus bombas y proyectiles entre 50 y 200 yardas de distancia, gracias a los controladores aéreos. Guadalcanal fue la primera oportunidad de practicar esta doctrina tan arriesgada. Es más, los mandos indicaban que era necesario organizar habitualmente estos grupos de apoyo aéreo con fines de cooperación a tierra y patrullaje.

Se recomendaba en contar con intérpretes cualificados para traducir los documentos del enemigo y examinar a los prisioneros de guerra, ya que su actuación fue de gran valor durante los combates en la jungla.

En cuanto al equipamiento, los marines habían aprendido que la ausencia de suficiente material defensivo (tras la partida de la flota con la derrota de Savo) fue una grave desventaja durante toda esta operación. Y no solo por la falta de tiempo, sino porque la forma anárquica de embarcar los pertrechos en los buques, hizo que en los primeros momentos no se desembarcara inicialmente, y posteriormente sólo se recibieron pequeñas cantidades. Por tanto, tirón de orejas a los equipos de suministros para que se le asignase una mayor prioridad de desembarco a cierto material que los soldados consideren más necesario, en este caso, todo aquel que ayude en la defensa. 

Entre este material necesario, se indicaba que alambre defensivo transportado para una división debía ser del tipo concertina. A menudo fue necesario pasar a la defensiva con tan poco tiempo de antelación que no se pudo erigir una valla de doble delantal antes de ser atacado, tal y como establecen las ordenanzas. Es por ello que se recomienda que la División en cuestión contemple el transporte del 60% de alambre del tipo concertina en todas las operaciones futuras.
 
Trabajadores del cuerpo de servicio coreano fabrican alambre de concertina bajo la supervisión
de un ingeniero de la Marina. (Conflicto de Corea) 

 
La maraña de alambre comprendía dos cercas paralelas con un patrón de alambre en zigzag. Cualquiera de estas marañas podía ser reforzado con bobinas de alambre de concertina en los lados delantero (enemigo) o trasero, o en la parte superior.


En lo que se refiere al liderazgo en la batalla, los Marines son conocidos por no aceptar los errores, y no perdonarlos más de una vez, por lo que antes de entrar en acción, todos los oficiales que no pareciesen poseer la capacidad o el liderazgo necesarios deberían ser relevados de su mando. Así, destacaban que era mejor emprender una acción con pocos oficiales que enfrentarse a la necesidad de ir relevando a los “incapaces” en presencia del enemigo, y con la merma de prestigio del cuerpo y oficiales ante la tropa. 

Por último, qué dicen los Marines en cuanto al enemigo: pues que este demostró un gran nivel de entrenamiento con respecto a las operaciones nocturnas (algo que durante todo el conflicto fue su estrategia, el ataque nocturno); su movimiento y control eran excelentes. Sin embargo, los japoneses subestimaron la precisión y efectividad del fuego de artillería sobre líneas fijas durante la noche, ya que solían agruparse antes de las cargas y consecuentemente proporcionaban excelentes blancos para la artillería y los morteros que infligían grandes pérdidas en las concentraciones enemigas. Suponemos que los japoneses deberían aprender del peligro de lanzarse en masivas cagas banzais contra posiciones fuertemente defendidas… pero no, fue su último recurso en todas las batallas ante soluciones más imaginativas.

Así pues, aprended bien estas lecciones si planeáis invadir una isla del Pacífico defendida por japoneses… que nunca se sabe.

Un saludo

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